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miércoles, 30 de octubre de 2013

Óxido de perdición.

¿Dónde estoy? ¿Dónde estás? Soy dos personas que ya no merecen más que el llorar. Soy la muerte de la sangre, el funeral de toda emoción. Párpados lánguidos, casi cerrados, que nunca desearon más que ese temblor.

No soy más que la sombra de la sombra de lo que fui. No soy más que un suspiro de lo que fue. ¿Dónde quedó la magia? ¿Dónde quedé yo?


No recuerdo mi nombre, el ruido lo borró. Desesperación, llanto, la convivencia nos mató.
Asesina de risas, asesina de inspiración, asesina de vidas, eres muerte y perdición.



Soy óxido en tus viejas manos, precioso furor, báñame en tu líquido de oro, guárdame  una décima de tu sabor.

En mis labios, desazón, mordidos hasta la herida, ruin recuerdo de expiración, redímeme vida,  que de quimeras, muero yo.


¿Dónde estoy? ¿Dónde estás? El silencio te conserva, en el ruido me hallo yo. Máquina latiente, desesperación incipiente, locura sin remisión. Sálvame, elévame contigo a dónde ni los dioses conocen lugar. Socórreme, ayúdame, que, sola, me hundo en su mar. Exasperación, despecho, ira y dolor, muerte a cada uno de mis hijos, que nonatos desaparecieron sin amor.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Y sin embargo, se mueve.


Mira allí arriba, encima de tus hombros y debajo de tus pies. Escucha la tierra y el cielo que tú ves.


Siente girar, siente el movimiento. El mundo se mueve y con él, el viento.

Mira aquel Sol, aquella estrella lejana. Nos calienta, nos hace vivir. Es alma.

Entiende que si ese fuego no estuviera, tus pies no se moverían y quedarían fríos.

Entiende que la luna se rompería en pedazos contra tu cabeza.

Imagina un planeta, este planeta, tu planeta. Imagínatelo tan sombrío que la noche sea día. Que no haya Sol, sin movimiento. No hay luna ni viento. No hay mar y siempre las mismas estrellas.

Que la muerte es la mayor vida por allá por donde pisas. Que sólo es un trozo de roca a la deriva en el espacio infinito.



Ahora, quiero que entiendas por que eres mi Luna y mi Sol, mi noche y mi día, y yo, un simple planeta.

Y sin embargo, se mueve.

sábado, 8 de octubre de 2011

El muerto.



Un mundo extraño cuando dos ojos azules piensan, pasean por un desierto total, observando, casi como si comprendiera el por qué de la linea fatal.
Hay silencio, pero los ojos buscan inquietos la razón por la que el muerto sin vida bajo sus pies aún habla y camina.

Nunca dice nada, no lo necesita, y aunque no lo sabe, tampoco puede. Suenan ruidos que son palabras, no más vacías que cualquier diccionario.

El muerto olvidó pensar, aunque es posible que nunca lo hiciera.
El muerto es un ser fascinante y que cree saber de todo y nunca se dará cuenta de que no descubrió nada.
El muerto no merce morir por que ya está muerto, y los ojos azules parece que ya lo descubrieron.

Está a tu lado y lo sabes.

Eres tú
.
Soy yo

miércoles, 5 de octubre de 2011

Desde el balcón.

[...]



Como en otro día cualquiera se asomó al balcón y se apoyó en la barandilla. Alzó la cabeza hasta ver el sol en aquel cielo tan azul que parecía sacado de un cuadro de algún famoso pintor cuyo nombre no conseguía recordar.

Pensó en pensar.
En ver la vida por las calles de aquella pequeña gran cuidad.
Bajó la vista al suelo y se sorprendió al ver un mundo lleno de matices.
Vio pasar a un grupo de avispas. Siempre pensaba que eran unos seres que debían existir por necesidad de estar, no por la de dar, por que no parecía que sirvieran de nada y únicamente podían molestar.
Le pareció curiosa su peculiar jerarquía. Una encabezaba a las demás que parecían que seguían sin pensar.
Pasaron volando y se perdieron entre la calle.

Vio como de unos labios salían mil historias interminables y como, sin razón, una hoz pareciole cortar su lengua y escondérsela en un bolsillo para que sus palabras fueran parcas.

Vio una esquina recta y gente andando en círculos con los ojos vendados y las manos a medio atar.

Volvió la cabeza al ver como un gigante hacía al suelo, a su paso, retumbar y como terminaba convirtiéndose en la silenciosa sombra de aquella persona a su lado al pasar. Y a aquella persona, con una mueca de orgullo en su nuca y tierna felicidad en su rostro, la vio andar sobre manos ensangrentadas que parecían felices en su ignorancia de estar siendo aplastadas y continuaban poniéndose en cada paso que esa persona daba.
Vio unas pequeñas sonrisas aladas revoloteando a su alrededor que con rapidez seguían su camino.
Vio como unos pies temerosos andaban por una fina cuerda y como una cerilla prendía fuego al fondo y unas tijeras cortaban el hilo.
Junto a un árbol, un niño agazapado temblaba de miedo y una niña, también asustada, le daba su mano y le elevaba al cielo.
Escuchó unas risas y miró como encima suya, desde otro balcón, un trajeado se sentía a los otros superior.

Vio a las tres palabras colgarse de un cuello y ver como ese cuello por otras manos aprovechadas cogían las palabras y le ahogaban.

Vio un cerebro muerto y un muerto andante, también una bola de cieno con sonrisa arrogante.
Vio un poeta con una mordaza en la boca y cien hogueras que su mirada provocan.
Vio sangre de inocentes derramar y cerdos revolcándose en ella bebiéndola para engordar.
Vio tantas cosas funestas que una lágrima cayó por una sociedad siniestra.

Pensó.
¿Cómo un sol tan brillante no podía iluminar aquellas sombras?
No podía encontrar más solución que creer que sólo la sombra ignora la existencia del sol, al igual que un pez ignora el agua.
Se alejó del balcón y volvió dentro. Una sombra no puede vivir sin el sol, pero tampoco lo puede ignorar, es mucho peor, a una sombra le es indiferente el sol.
[...]

sábado, 24 de septiembre de 2011

Sonata de un soldado.

Volví a despertar, la ráfaga de disparos había sonado muy cerca. Abrí los ojos y me sorprendí al ver la luz del día… Otra vez.

¿Por qué desobedecí la orden de mi coronel? Ahora estaba en aquella trinchera enemiga abandonada, rodeado por decenas de cadáveres putrefactos al sol. Viendo facciones de terror en aquellos rostros desconocidos, que no eran de donde yo soy. Observando los galones, ahora inútiles, que todavía colgaban de sus roídos trajes y en sus manos, sus armas, imposibles de despegar…
Y yo tumbado entre medias, apoyado en la pared, como un maldito esqueleto que se mueve… Sin moverse, por que era incapaz de hacer otra cosa que no fuera dormir. No recuerdo como me dispararon, ni donde, sólo recuerdo estar aquí amontonado con los demás cadáveres.
No sé cuanto tiempo llevo aquí, perdí la cuenta de los amaneceres hace ya algunos… Sólo sé que tuve tanta hambre que el estómago y la cabeza me empezaron a doler, después desapareció como si hubiera comido, pero mi cuerpo, mi carne, mis músculos iban yéndose también… Tuve tanta sed que mis labios sangraron y mi lengua se secó y sólo podía beber cuando llovía… Ya ni siquiera olía el asqueroso olor de la guerra, ese olor a muerte pútrida, heces, sudor, gasolina, tierra quemada y pólvora…
Las moscas me comen, todos los insectos lo hacen…
Sólo puedo mirar. Y ya no odiaba a aquellos que estaban tumbados a mi lado, pero tampoco sentía pena ni compasión, no lograba sentir nada.
Unas cuantas ráfagas se escucharon muy cerca de allí y empecé a oír voces lejanas y después pasos. Con las armas levantadas apareció mi pelotón, en cuanto me ven las bajan.
Se están acercando a mi, no puedo creer que esto vaya a terminar. Quiero sonreír, pero no soy capaz de mover ningún músculo, tampoco puedo hablar.

- Está aquí…- Dice uno con voz cansada.

De repente han aparecido dos personas más con una camilla, me levantan y me tumban encima. Me palpan el cuello buscándome el pulso.

- No hay nada que hacer… Está muerto…- Dice mientras cierra los ojos.

¿Muerto, yo? No, no estoy muerto. Quiero gritar pero no puedo y van pasando uno por uno todos los chicos con cara de rabia y cansancio.

- Tio, vamos a ganar, vamos a ganar por ti…
- Ey, al menos te llevaste a algunos por delante…
- Valiente idiota… Te vamos a echar de menos.

El último me miró a los ojos y sonrió, puso sus dedos sobre mis pestañas y me cerró los ojos. Acercó su cabeza a la mía y con voz de mujer me susurró.

- Lo siento. Yo te he matado y por mi has muerto.

¿Cuándo? Era lo único que podía pensar mientras levantaban la camilla y comenzaban a andar entre el silencio absoluto, en el que ni los disparos se atrevían a molestar el duelo.
¿Cuándo había sido? ¿Cuándo había muerto? ¿Cuándo había perdido aquella guerra sin saberlo? ¿En qué momento pensé que aquello iba a salir bien? ¿En qué momento salió mal?
Yo había perdido en aquella guerra antes de combatir.
Yo perdí aquella guerra cuando dije de ir…

martes, 20 de septiembre de 2011

Sueños dorados, sueños robados...

Todos mis sueños arrebatados, como a una madre a la que le quitan a su hijo de sus brazos sin poder impedirlo. Como una broma cruel...



Sueños dorados, en algún día alcanzados... Sueños robados, sin sentido llorados. Pasaste a hierro, hierro pesado... color cobrizo, carcomidos y callados.

De tu vida a mi muerte que la diosa de la suerte quiso darme cada vez al verte y fuera así, lentamente... dolorosamente... por que te tengo siempre en mi mente.

Pesadillas, pesadillas y extraños sueños con el sol en mi cara reflejado en el agua dando y rozando figuras de colores sentidos...

Quieres correr, quieres gritar y no te atreves más que a cantar, sonrie a la vida, no llores al día y aprende a bailar... Azucar y el mar, tan dulcemente salado que es algo callado que sabes sin más...

viernes, 16 de septiembre de 2011

Lo contrario.

Que todo en mi mente queda y en mis sueños permanece, que mi vida frena y mis locuras reestablecen.

Esa fuerza que hace que todo vaya a la perfección y en un segundo termine muriendo igual que nació, como un relámpago entre dos tinieblas que desapareció.
Y no llega a mi comprensión que en todo lo que creo haya un error, sino más bien que estés tú por medio indicándole a un dios que es para mi lo correcto y lo que no.
Pues en ti no llego a creer, fortuna o suerte, diosa de mi muerte que la tumba cavó mucho antes de que por mi mente pasara cualquier antecedente de un deseo o decisión.
Lo contrario fue creado, y yo, que no soy su aliado, siempre me toca luchar por mi lado y siempre perder esta batalla perenne y al final acometerme, rendirme sin defenderme.
Lo contrario, siempre lo contrario.
Por decir A y no B. Por vivir como tal queriendo no ser cual. Por ser yo, y por ser tú y por que en mis sueños quedas.