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miércoles, 30 de octubre de 2013

Óxido de perdición.

¿Dónde estoy? ¿Dónde estás? Soy dos personas que ya no merecen más que el llorar. Soy la muerte de la sangre, el funeral de toda emoción. Párpados lánguidos, casi cerrados, que nunca desearon más que ese temblor.

No soy más que la sombra de la sombra de lo que fui. No soy más que un suspiro de lo que fue. ¿Dónde quedó la magia? ¿Dónde quedé yo?


No recuerdo mi nombre, el ruido lo borró. Desesperación, llanto, la convivencia nos mató.
Asesina de risas, asesina de inspiración, asesina de vidas, eres muerte y perdición.



Soy óxido en tus viejas manos, precioso furor, báñame en tu líquido de oro, guárdame  una décima de tu sabor.

En mis labios, desazón, mordidos hasta la herida, ruin recuerdo de expiración, redímeme vida,  que de quimeras, muero yo.


¿Dónde estoy? ¿Dónde estás? El silencio te conserva, en el ruido me hallo yo. Máquina latiente, desesperación incipiente, locura sin remisión. Sálvame, elévame contigo a dónde ni los dioses conocen lugar. Socórreme, ayúdame, que, sola, me hundo en su mar. Exasperación, despecho, ira y dolor, muerte a cada uno de mis hijos, que nonatos desaparecieron sin amor.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Ironía.

Me di cuenta tarde de que era una extraña sensación. No era frustración, aunque tampoco arrepentimiento, y sin embargo tenía un poco de las dos.
Lo definí como ironía, no como la manera que podemos llamar a algo, sino como un sentimiento más.
Por que me sentía como si dos personas pelearan a muerte en mi cabeza, como si todo fuera bien y como si todo fuera mal.
Mis planes no han salido bien, de eso no hay duda alguna. Y ya tampoco importa demasiado…
Voy andando por esta calle que esta vacía y parece que va a llover… Todo va a terminar pronto, para mal.
Ha pasado lo impredecible, lo más improbable y es que todo, absolutamente todo, saliese del revés. E incluso mis pensamientos creo que ahora están del revés también.



Veo el final de la calle y me meto por otro callejón, sólo tengo ganas de andar.
Pienso, sólo pienso. No soy como creen que soy, ni pienso ni siento lo que creen que siento.
Ni mi mente, ni mi corazón, ni mi alma se dirigen al mismo camino que creen que me dirijo, pero ellos ya piensan que si, y no puedo hacer nada en contra de eso.
Aún recuerdo sus miradas, sus sonrisas… Sobre todo una, extrañamente temerosa, con ojos nadando en los míos buscando quizás una escusa, una respuesta o un algo que le dijera que todo aquello no era más que una mentira.
Y ojalá hubiera tenido el valor de decírselo, de decirle que todo era un sueño que en algún día habremos de despertar.
Ahora ella no está, se marchó sin despedirse y tampoco quise sus besos buscar. Y me arrepiento.
Me detengo y miro a mis pies. He llegado. Escalo la pequeña valla, cierro los ojos y caigo al vacío.
Mi último pensamiento: Ironía.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Por un mirar.

Cuando la locura se confunde con el odio, cuando el odio se confunde con el amor, cuando las palabras salen solas...



Estoy aquí tirada, en esta yerma tierra, mirando el azul cielo tan brillante que me ciega, tocando la seca grava que se escurre entre mis dedos.
Mírame, digo, ¡Mírame!; vuelvo a gritar, estoy aquí tirada desangrándome mientras tú ríes en algún lejano lugar, pensando entre sueños ajenos, queriendo, en otros brazos volar. Pero yo, yo estoy abandonada. Girando la cabeza, pienso que me da igual, que nada de esto es real, que, no sirvo para amar.
Sin embargo una lágrima por mi cara corre rápida, que a la tierra cae y desaparece como si nunca hubiera existido o cómo si nunca la hubiera querido, me hace pensar que no es verdad.

Aquí estoy muriendo por algo que desconozco, pero intuyo su forma y temo acertar. Estoy en este desierto rodeada por tantas personas que me pasan por encima y nadie da cuenta de mí. Me lleno de esperanza cuando alguien me mira y descubre que existo pero después me deshago entre la grava del suelo cuando apartan la mirada y me vuelven a pisar.

Mis heridas no curan, estas heridas que tú me hiciste sin razón, pero la sangre dejó hace tiempo de brotar, pues cuando no late el corazón, dime tú, que ahora vuelves a ganar, ¿Qué fuego puede fluir por mis venas cuando la vida has quitado de ellas?

Me levanto como el inerte cadáver sin rumbo en el que me convertiste, no es otoño dentro de mí, Por fin veo a la gente a los ojos, a su altura y las aparto para caminar. En el límite te encuentro, en el borde apareces, en el fin del desierto te hallo. El barranco bajo tus pies me llama y su oscuridad me acaricia la cara.
Mírame, te digo, ¡Mírame! Repito sin cesar. Mira la cara de tu creación, mira su rostro sanginoliento, mira las marcas de la frustración y las cicatrices de tu silencio.
Ni experiencias que me avalen tengo, ni gracias ahora que me socorran, ni uso ni usanza, ni modos ni costumbres, en el amor algo falla, pero que de buscarlo haga, que de ti me borre.
Y esto que termina como una canción, no es más que una realidad, que la poesía se atreve a contar lo que a nadie la voz ha dicho.
Pero yo sigo en este desierto esperando una palabra tuya para cuando cuenta des de que mi rostro, mi cuerpo y mi alma destrozados por tu egoísmo siguen en pie, pidiendo una explicación y orgulloso y destrozado te haga al fin decir: Has ganado