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domingo, 19 de agosto de 2012

¿Dónde se escondió el último amanecer?


De repente, la música se había ido y la luz apagado; y sin darme cuenta, el día había tocado a su fin...



Te esperé, y te esperé durante horas... Y sólo obtuve el silencio de respuesta.

Comprendí que aquellos petardos nunca calentaron mi corazón más que la llama de una vela y que significaban menos que ella. Murió la ironía.

Dijiste que la esperanza es lo último que se pierde, mientras te sonreía intentando ocultar mis ganas de llorar.


Dime, ¿Dónde escondiste la sonrisa? La busco y no la encuentro. Mira al horizonte y en diez minutos puede hacerse de noche. Oculta el día.

Oculta el día bajo el velo de tu sombra, por que mi noche empieza con el amanecer.

Y, entendí, que la oscuridad no pertenece a los ojos, sino al corazón.

lunes, 3 de octubre de 2011

Diario de una vida.

Me llamo Eva Mª F. P. y hoy llevo un año en el infierno.


Hace un año empecé a firmar ese contrato vitalicio que me condenó a la oscuridad.
Miles de ilusiones rotas, de esperanzas muertas, de dos ojos que sin fondo miran y una lágrima que nunca termina de caer; si, lo recuerdo bien; mientras mi mano escribía veloz por aquellas hojas en blanco…
En aquel momento, quiero creer que no sabía bien lo que hacía, por que no supe ver todo el dolor que me esperaba; claro, aún me faltaban unos meses para que me terminaran de quitar todo y empezara la pesadilla.
No caí a este lugar cuando escribía aquellas palabras. No. Mi descenso empezó uno o dos meses atrás de que aquello ocurriera pero por entonces pensé que era simplemente una piedra en mi camino, solo que aquella piedra estaba en el final del camino…
Tampoco llegué al fondo hasta meses después, en enero.
Agónica ansiedad disfrazada de indiferencia que sólo en puntuales momentos estallaba y explotaba, llevándome por delante.
Todo lo que creía seguro se marchaba. Todo lo que creía mío desaparecía. Todo lo que creía…
Y después… Falsa tranquilidad. Falsas esperanzas. Un falso yo.
Y sigo estando aquí, en una cárcel de lava de la que no puedo moverme ni un centímetro sin quemarme, me hiere, me duele, pero no quiere matarme.
Esperaré a que el infierno se congele o me lleve por delante…

Me llamo Eva Mª F. P. y hoy llevo un año en el infierno…

domingo, 2 de octubre de 2011

Si la última vela...

Aunque no me gusta escribir sobre estos sentimientos, cuando son necesarios, mis dedos calambrean deseantes de descargar la sangre en ello.
Para aquella chica que me dio la vida hace tantos años...

Que velas hay muchas... Fuegos, pocos.


Si la última vela se quiere consumir deja que lo haga, que otras estarán por venir, que esa oscuridad dura poco, no le temas a ser feliz.
Que si de la hoguera sólo quedan cenizas, vendrán nuevas que te hagan resurgir, pero no mantengas las viejas, esas sólo te harán sufrir.

No es mentira que el tiempo lo cura todo y es lo único que cura, ten fe chica, ten fe… Los labios agrietados de no recordar como se besa. El corazón desquebrajado de engañarse a si mismo. Las heridas de mi mano, recordando que has estado. Todo se cura aunque parezca que no, tú sólo deja pasar el tiempo, te sorprenderás sin darte cuenta cómo vuelves a sonreír.
Si. Puedes sonreír de verdad, de corazón, por que así también se cura. Con cada risa al aire tu alma se llena.
Sé feliz chica, que te lo mereces. Sé feliz, que es mejor. Sé feliz, que engañarse no es divertido como piensas. Sé feliz chica, que eso es amor.

Y si la última vela se quiere consumir, déjala, que a ti te hará vivir. =)

jueves, 15 de septiembre de 2011

Por un mirar.

Cuando la locura se confunde con el odio, cuando el odio se confunde con el amor, cuando las palabras salen solas...



Estoy aquí tirada, en esta yerma tierra, mirando el azul cielo tan brillante que me ciega, tocando la seca grava que se escurre entre mis dedos.
Mírame, digo, ¡Mírame!; vuelvo a gritar, estoy aquí tirada desangrándome mientras tú ríes en algún lejano lugar, pensando entre sueños ajenos, queriendo, en otros brazos volar. Pero yo, yo estoy abandonada. Girando la cabeza, pienso que me da igual, que nada de esto es real, que, no sirvo para amar.
Sin embargo una lágrima por mi cara corre rápida, que a la tierra cae y desaparece como si nunca hubiera existido o cómo si nunca la hubiera querido, me hace pensar que no es verdad.

Aquí estoy muriendo por algo que desconozco, pero intuyo su forma y temo acertar. Estoy en este desierto rodeada por tantas personas que me pasan por encima y nadie da cuenta de mí. Me lleno de esperanza cuando alguien me mira y descubre que existo pero después me deshago entre la grava del suelo cuando apartan la mirada y me vuelven a pisar.

Mis heridas no curan, estas heridas que tú me hiciste sin razón, pero la sangre dejó hace tiempo de brotar, pues cuando no late el corazón, dime tú, que ahora vuelves a ganar, ¿Qué fuego puede fluir por mis venas cuando la vida has quitado de ellas?

Me levanto como el inerte cadáver sin rumbo en el que me convertiste, no es otoño dentro de mí, Por fin veo a la gente a los ojos, a su altura y las aparto para caminar. En el límite te encuentro, en el borde apareces, en el fin del desierto te hallo. El barranco bajo tus pies me llama y su oscuridad me acaricia la cara.
Mírame, te digo, ¡Mírame! Repito sin cesar. Mira la cara de tu creación, mira su rostro sanginoliento, mira las marcas de la frustración y las cicatrices de tu silencio.
Ni experiencias que me avalen tengo, ni gracias ahora que me socorran, ni uso ni usanza, ni modos ni costumbres, en el amor algo falla, pero que de buscarlo haga, que de ti me borre.
Y esto que termina como una canción, no es más que una realidad, que la poesía se atreve a contar lo que a nadie la voz ha dicho.
Pero yo sigo en este desierto esperando una palabra tuya para cuando cuenta des de que mi rostro, mi cuerpo y mi alma destrozados por tu egoísmo siguen en pie, pidiendo una explicación y orgulloso y destrozado te haga al fin decir: Has ganado